Hijo, hoy me detengo a hablarte desde lo más profundo de mi alma. Extraño tu risa contagiosa y la forma en que iluminabas la casa con solo estar. Aunque hoy mi corazón llega tarde con un poco de tristeza por tu ausencia física, se llena de orgullo al recordar que fuiste un guerrero con un alma noble. Te prometo que viviré cada día honrando tu memoria y buscando tu luz en las cosas pequeñas, hasta que nos volvamos a encontrar en la paz del Señor. Te amamos hijo mío.




